¿OLLAS O JOYAS?


Después de irme a vivir con Clark empecé a entender muchas cosas de Mamá. Una de esas cosas es su fascinación por las ollas y lo mucho que le molestaba que se las usáramos o que pecáramos usando una cuchara de metal al usarlas. Cuando me encontré con la necesidad de tener que cocinar todos los días me di cuenta de lo importantes que son y que hay que mimarlas.

Dicen que los diamantes son los mejores amigos de las mujeres, pero las ollas creo que están casi a la par (claro, ésto corre para las que no tenemos muchos diamantes ni un Chef que nos cocine todos los días). Para el resto de los mortales, puedo afirmar que una buena batería de ollas puede cambiarte la vida. Sí. Para tanto. No es chiste. Unas ollas de mala calidad o ralladas pueden llevarte a no querer hacerte un omelette nunca más en la vida. Si cada vez que cocinas un huevo (que deglutís en 5 minutos) tenés que pasarte otros 30 intentando despegar la costrita con una esponja lavando frenéticamente, las ganas de hacerte un omelette desaparecen.

Luego del “Escándalo Ollas-gate” (merece otro post) pude comprarme una buena batería de cocina. Antes de hacer esa inversión CLAVE, le consulté a una amiga chef acerca de las mejores ollas.  En materia de calidad (de mayor  a menor) vienen en este orden: 1. Bronce 2. Acero inoxidable y 3. Aluminio.

Primer juego de ollas. Arruinado.

Las primeras son las mejores y están muy por fuera de mi presupuesto, así que opté por las de acero inoxidable. Después investigué acerca de cómo cuidarlas para que no terminen arruinadas como mi primeras ollas.

Los cuidados y usos para mantenerlas inmaculadas son estos:

1. Siempre cocinar a fuego bajo o medio.

2. Antes de cocinar, asegurate que la olla esté caliente. Para saber si está caliente, tirale unas gotitas de agua y cuando veas que se hacen bolitas y que rebotan sobre la superficie, ya está lista.

3. Tirále el aceite o el medio graso que vayas a usar para cocinar y esperá que se caliente un poco (sin quemarlo). Listo, ya podés cocinar lo que quieras.

4. Siempre usá utensilios de madera, silicona, plastico, acrílico y NUNCA de metal ya que rayan la superficie.

5. No dejes que se queme nada. A mi me costó entenderlo, pero cuando cocines tratá de quedarte en la cocina y no dejar la olla sola.

6. Cuando termines de cocinar, antes de limpiar la olla tenés que esperar a que se enfríe (nada de tirarle agua ni bien apagás el fuego) para después lavarla con agua y jabón usando el lado amarillo de la esponja. La mugre debería salir muy fácilmente. Si queda sucia remojala durante la noche con agua y lavála al otro día.

7. NUNCA, NEVER, JAMÁS uses virulana para lavarlas, las arruinas forever.

Si seguís estos pasos tus ollas deberían mantenerse perfectas por muuuuucho tiempo y no deberían dejar de ser antiadherentes. Si las cuidas bien, cocinar y lavar va a ser hiper rápido y sencillo. No vas a tener que ver esas ollas remojando por días sobre la mesada y no vas a tener que arruinarte las uñas fregando como una loca. Entre ollas y joyas, mientras que yo tenga que cocinar…me quedo con las ollas.


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